Datos de la ruta

  • Fecha: 1 de Agosto de 2005
  • Inicio: Refugio de Pineta
  • Final: Pradera de Ordesa
  • Primera etapa: Refugio de Pineta-Collado de Añisclo-Fuenblanca. 7 km, 1262 m D+, 820 m D-
  • Segunda etapa: Fuenblanca-Góriz-Pradera de Ordesa. 17 km, 942 m D+, 1294 m D-

Mapa

Mapa. 24 km, 2204 m D+, 2120 m D-
Mapa. 24 km, 2204 m D+, 2120 m D-

Empezamos a lo bestia

Sin saber mucho en lo que nos íbamos a meter, en verano de 2005 nos planteamos ir a Pirineos a hacer una travesía de varios días.

Rafa, Juan Carlos, David y yo nos ponemos al lío y nos compramos el material necesario. Mochilas grandes, sacos, esterillas, mapa, una tienda que yo tenía por ahí… No se nos ocurrió asegurarnos que la tienda estuviera en perfecto estado, cosa de la que nos arrepentiríamos al poco tiempo.

La experiencia en montaña que teníamos no era demasiado amplia, y no habíamos afrontado nada de tal envergadura. Lo que se llama una camisa de once varas.

Pasamos unos cuantos días planificando sobre el mapa nuestras etapas. Se suponía que sería algo así:

  • Pineta-Fuenblanca
  • Fuenblanca-Góriz
  • Góriz-Monte Perdido-Balcón de Pineta
  • Balcón de Pineta-Pineta

Miramos distancias, desniveles, tiempos…Todo sobre el mapa, que no había GPS por entonces. Algunas consultas en la página www.pirineos3000.com y poco más.

La preparación de los macutos nos resulta jodida. Por más que intentamos no meter mucho peso, nos resulta complicado. La previsión del tiempo no es buena para el primer día y eso lo complica más aún. Total, que al final entre ropa, comida, tienda (repartida entre los cuatro) y agua los macutos pesan un huevo y la yema del otro. Rondando los 30 kg.

La primera noche nos alojamos en Bielsa en las “Habitaciones Ana Ferrer”, fantástico por situación, limpieza y precio. Allí volveríamos tras tres o cuatro días por el monte.

Por la mañana nos levantamos y vamos en coche hasta el Refugio de Pineta, donde empezaría nuestra travesía.

Y el día nos recibe así de bien

Muy nublado en el Valle de Pineta
Muy nublado en el Valle de Pineta

Nos ponemos en marcha

Salimos temprano y subimos en coche hasta el Refugio de Pineta. Desde ahí parte el sendero que nos llevará a remontar la pendiente animal hasta el Collado de Añisclo. En algo menos de 3.5 km se ascienden unos 1200 m.

Primer contratiempo, el Cinca baja hasta arriba y no se puede cruzar por el refugio, hay que remontar un tramo para encontrar un vadeo que no sea peligroso. Cruzamos y nos metemos en el bosque siguiendo las marcas blancas y rojas del GR11, y con la pared a nuestra derecha, intentando averiguar cómo y por dónde puede subir un camino.

Empezamos el ascenso, entre bosque al principio, y dando paso a praderas herbosas y cruces de torrentes más allá de la mitad. Por entonces empezamos a escuchar algún que otro trueno a lo lejos. Muy gracioso todo. Por suerte no llueve mucho. Y las nubes se abren para dejarnos ver al otro lado del valle los Llanos de Lalarri, y al fondo la frontera natural con Francia que forman los picos del Circo de Estaubé.

Llanos de Lalarri y al fondo los picos del Circo de Estaubé
Llanos de Lalarri y al fondo los picos del Circo de Estaubé

Empezamos ya a penar, por el peso de las mochilas, el desnivel, la humedad, y la falta de forma física. Algún calambre que otro hace que miremos hacia el collado, sin saber muy bien dónde coño termina esa subida criminal. Para gran alegría y festejo en el grupo, la parte final es un canchal impresionante con una pendiente como para caminar con la cara en suelo. Un paso adelante, dos atrás. “Puta escombrera” fue la frase más pronunciada en aquel tramo. Más calambres. Paramos a descansar un poco, nos abrigamos, comemos y bebemos, y miramos el mapa para ver qué hacemos una vez arriba.

Las opciones eran seguir la rama alta del GR11 que pasa por la falda de la Punta de las Olas, o la rama baja que desciende hasta la Fuenblanca. Por la hora que era, lo que nos quedaba hasta arriba, y sobre todo por la tormenta que amenazaba, decidimos sabiamente bajar a la Fuenblanca y dormir allí. En el mapa había indicada una cabaña, y así no haría falta montar la tienda.

El tiempo está chungo, así que al lío. Entre cuatro y cinco horas nos llevó llegar hasta el Collado de Añisclo (2453 m). Ahí lo tenemos.

En el Collado de Añisclo. David y Rafa afrontando las últimas rampas de pedrera
En el Collado de Añisclo. David y Rafa afrontando las últimas rampas de pedrera

Hace un viento del carajo, así que bajamos un poco hasta guarecernos y descansamos del último apretón, volvemos a revisar el mapa, comemos, bebemos, maldecimos, nos descojonamos…

Y bajamos lo más ligero posible hasta la Fuenblanca. Una cascada preciosa, la que ilustra la portada del blog, y una bonita pradera en la que hubiéramos descansado al sol si no hubiera sido porque la tormenta se acercaba. Y que no hacía sol.

Dejamos los trastos en donde vemos mejor terreno para montar la tienda, y nos acercamos a ver la cabaña por si está en buenas condiciones. Cruzamos un pequeño arroyo por unas piedras y la cabaña resulta ser diminuta. La entrada, sin puerta, era tan alta como yo de rodillas, y aunque el interior estaba limpio, el suelo era muy irregular y el espacio muy pequeño. Montamos la tienda pues.

Felices con la tienda en un lugar idílico al pie de la Fuenblanca
Felices con la tienda en un lugar idílico al pie de la Fuenblanca

La cuestión con la tienda

La montamos fácilmente y rápido. Nos acomodamos en el interior y revisamos el mapa para ver las posibilidades del día siguiente. La lluvia pasa de intensa, a muy intensa, y a gotas como puños.

La tienda cala. “Mecagüentodo”. Alguna gotita por un par de puntos de la costura del dobletecho, nada preocupante por el momento. Momento breve aquel, más gotitas, y más, por toda la costura. Aplico un spray impermeabilizante que llevaba en la mochila, no hace nada. Bueno sí, transforma la tienda en una cámara de gas, nos asfixiamos. Hay que abrir un poco.

Siguiente maniobra, buscar una vía de escape a algún lugar civilizado. Miramos el mapa, estamos al principio del Cañón de Añisclo (o al final) y lo más cercano es una ermita al otro extremo. Está cayendo la del pulpo y es ya casi de noche.

“Vamos a esperar a que pare un poco la lluvia y nos mudamos a la cabaña”. Otra sabia idea. Ale, nos ponemos en marcha y al ir a cruzar lo que era un pequeño arroyo hacía menos de una hora, nos vimos con un río crecido y con una corriente bastante fuerte. Nos toca bajar a un puente y volver a subir.

Nos metemos en la cabaña y usamos el suelo de la tienda como suelo, y el dobletecho para tapar la puerta. La cosa quedó de esta guisa:

La cabaña por dentro, con el dobletecho de la tienda por puerta
La cabaña por dentro, con el dobletecho de la tienda por puerta

Obsérvese la altura de la entrada. Cabíamos los cuatro justos, cada uno con su macuto por almohada. El largo era el mío. De pared a pared medía poco más que yo. Tampoco estaba mal, podríamos dormir estirados.

Nos “acomodamos”, cenamos, y revisamos el plan para el día siguiente. Sin tienda la cosa se nos había jodido. Con el tiempo así no podríamos hacer una segunda noche. Decidimos subir a Góriz y allí según nos cuenten dormimos al raso, o bien nos bajamos por Ordesa hasta Torla y desde allí autobús a Bielsa.

Ratones

Nos dormimos, y de repente alguien escucha como “algo” escarba en nuestras bolsas. Juan Carlos se incorpora, enchufa con el frontal, y vemos un ratoncillo. Lo intenta cazar, pero allí hay más agujeros que en un colador. Imposible. David y Juan Carlos se empeñan en que hay que cazarlo, y tanto Rafa como yo vemos claro que eso es algo fuera de nuestro alcance. Además un ratoncillo no nos va a hacer nada, y lo más grave es que ande un poco en la bolsa con la basura de la cena, ya que la comida estaba toda cerrada y en los macutos.

Yo lo asumo, busco postura, la encuentro rápido y me sobo. Se escucha de vez en cuando al pequeño roedor pero no es un ruido molesto. Sí es un ruido molesto oir refunfuñar a los dos que le querían dar caza. Vaya noche.

A Góriz

El día se levanta soleado, aunque con algunas nubes altas. Recojemos y nos largamos. Remontamos el barranco de la Fuenblanca, y una vez en la parte alta de la cascada paramos a prepararnos un buen desayuno al calor del Lorenzo.

Desayuno en la parte alta de la Fuenblanca
Desayuno en la parte alta de la Fuenblanca

Nos quitamos algo de abrigo y continuamos el ascenso hasta el Collado de Arrablo o Collado superior de Góriz (2343 m)

Rafa, David y yo en el Collado de Arrablo o de Góriz
Rafa, David y yo en el Collado de Arrablo o de Góriz

desde donde tenemos esta increíble vista del Soum de Ramond o Pico Añisclo (3259 m), Monte Perdido (3355 m) detrás y Morrón de Arrablo o Torre de Góriz (2792 m) a la izquierda.

Soum de Ramond o Pico Añisclo (3259 m), Monte Perdido (3355 m) detrás y Morrón de Arrablo o Torre de Góriz (2792 m) a la izquierda
Soum de Ramond o Pico Añisclo (3259 m), Monte Perdido (3355 m) detrás y Morrón de Arrablo o Torre de Góriz (2792 m) a la izquierda

Desde allí al refugio de Góriz no había mucha distancia. Al llegar descansamos, bebimos, comimos… Y preguntamos sobre la meteorología prevista. La misma que la noche anterior, tormenta, lluvia, etc.

Preguntamos sobre la forma de llegar a Bielsa desde Torla y la cosa era más difícil de lo que pensábamos. Había un autobús de Torla a Aínsa, y otro de Aínsa a Bielsa, pero no era posible ya pillar ambos. La solución era un taxi hasta Aínsa y allí pillar el bus a Bielsa.

Disfrutamos un rato del solecillo, nos echamos los macutos a la chepa y para abajo, a la Pradera de Ordesa y luego a Torla.

Refugio de Góriz (2200 m)
Refugio de Góriz (2200 m)

Llegamos a Torla sin más complicaciones que nuestros hombros reventados por el peso de los macutos. Conseguimos una taxista que nos llevara a Aínsa. No sabíamos si llegaríamos a tiempo al autobús, pero tras los primeros km vimos que la velocidad allí no era problema. Íbamos a toda hostia en una Volkswagen Transporter endiablada.

Llegamos a tiempo al autobús, que nos llevó hasta Bielsa. Nos dimos un buen homenaje en la cena, y a sobar. Al día siguiente teníamos que hacer a pata los 12 km que nos separaban del coche, que habíamos dejado en el refugio de Pineta.

El día siguiente amaneció radiante y el paseo hasta el coche fue estupendo.

Inicio del Valle de Pineta. Al fondo a la izquierda, el más alto, el Monte Perdido
Inicio del Valle de Pineta. Al fondo a la izquierda, el más alto, el Monte Perdido

El coche estaba tal y como lo dejamos. Bajamos a Bielsa de nuevo a por nuestras cosas, que habíamos dejado en la habitación, y de vuelta para Mordor.

La Perla Negra
La Perla Negra

 

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