Datos de la ruta

  • Fecha: 3 de Julio de 2006
  • Inicio: Aparcamiento del camping de Pineta
  • Final: Pradera de Ordesa
  • Primera etapa: Refugio de Pineta-Balcón de Pineta-Astazou Occidental-Balcón de Pineta. 13 km, 1917 m D+, 655 m D-
  • Segunda etapa: Monte Perdido-Góriz-Pradera de Ordesa. 18 km, 1124 m D+, 2345 m D-
  • Ascensiones: Astazou Occidental (3015 m) por el Cuello de Astazou y Monte Perdido (3355 m) por el Lago Helado
  • Material: Crampones y Piolet para superar el glaciar del Monte Perdido

Mapa

Mapa. 31 km, 3041 m D+, 3000 m D-
Mapa. 31 km, 3041 m D+, 3000 m D-

Preparativos

Al igual que el año pasado, planificamos nuestra aventura con el mapa, la página de Pirineos 3000 y poco más. Mismos macutos, mismo peso. Cambia que llevaremos dos tiendas de dos personas cada una, de mejor calidad que la anterior y ya comprobada su impermeabilidad. La intención, pasar tres noches en el monte y subir el Monte Perdido y algún que otro tresmil más de la zona.

Cambia también la distribución que hemos hecho de las cosas dentro de los macutos, de modo que aún pesando lo mismo que el año pasado, nos resultan mucho más cómodos de llevar. Punto que nuestros hombros y espaldas agradecieron en todo momento.

Nuestra primera noche, como siempre, será en la “Habitaciones Ana Ferrer” en Bielsa. Un buen descanso del largo viaje hasta allí desde Mordor y a la mañana siguiente en marcha.

Primer día

La primera noche la pasaremos en el Balcón de Pineta, así que no madrugamos en exceso y un poco antes de las 8 de la mañana estamos ya dispuestos para echar a andar. El día, al contrario que el año pasado, soleado y con buena temperatura. Una gozada de comienzo.

Aparcamiento del camping de Pineta
Aparcamiento del camping de Pineta

La pista forestal que es el GR11 comienza en ascenso suave hasta más o menos los 1500 m de altitud, donde empiezan rampas serias y zetas que nos llevarán hasta el Balcón de Pineta, a una altitud de unos 2500 m.

Según vamos subiendo, las vistas sobre el valle se abren y se ven a la izquierda del valle los picos del Circo de Troumouse, presididos por La Munia (3134 m) que parece una pirámide, y a su derecha con cumbre alargada, el Robiñera (3005 m)

Balcón de Pineta (2500 m). A mi espalda La Munia (3134 m) con forma de pirámide y a mi otro lado el Robiñera (3005 m)
Balcón de Pineta (2500 m). A mi espalda La Munia (3134 m) con forma de pirámide y a mi otro lado el Robiñera (3005 m)

Estamos tan flipados con lo que tenemos mirando al valle que no nos damos cuenta de lo que nos queda enfrente. Y la vista es majestuosa. La cara Norte del Monte Perdido (3355 m) con su glaciar y el Cilindro de Marboré (3325 m). Por un momento nos quedamos quietos admirando las espectaculares moles de roca.

Desde la izquierda, Monte Perdido (3355 m), Dedo del Monte Perdido (3188 m), Cuello del Cilindro (el collado por el que hay que remontar para pasar al otro lado, 3074 m) y Cilindro de Marboré (3325 m)
Desde la izquierda, Monte Perdido (3355 m), Dedo del Monte Perdido (3188 m), Cuello del Cilindro (el collado por el que hay que remontar para pasar al otro lado, 3074 m) y Cilindro de Marboré (3325 m)
Desde la izquierda, yo, Rafa, David y Juan Carlos
Desde la izquierda, yo, Rafa, David y Juan Carlos

Vista la hora que era llegamos a la conclusión que ese mismo día no íbamos a seguir camino hacia el Perdido. Quedaba remontar una inmensa pedrera, el glaciar, otra pedrera y sólo habríamos llegado al Cuello del Cilindro.

Buscamos un buen sitio para dormir, y allí dejamos las mochilas, ocultas tras unas piedras. Repusimos fuerzas y para pasar el resto del día de forma provechosa se nos ocurrió asomarnos hasta el Cuello de Astazou (2955 m) y si era asequible, ascender el pico Occidental del mismo nombre.

Caminamos hacia el collado admirando a ambos lados los picos. A nuestra izquierda el Cilindro de Marboré y a nuestra derecha Los Astazous, la Brecha de Tucarruya y el refugio de Tucarroya (2669 m) también llamado “la nevera” por razones obvias.

Si hasta aquí las vistas nos habían dejado impresionados, lo que se nos presentó al llegar al collado fue acojonante. El Circo de Gavarnie, con los Picos de la Cascada y la susodicha Cascada de Gavarnie (la más alta de Europa), la Brecha de Rolando (2807 m) y al final de esa cadena montañosa el Taillón o Pico Negro (3144 m). Del otro lado el glaciar del Mazico de Vignemale o Comachibosa.

Una de las imágenes más impactantes que he podido ver. El Circo de Gavarnie desde el Cuello de Astazou
Una de las imágenes más impactantes que he podido ver. El Circo de Gavarnie desde el Cuello de Astazou
Circo de Gavarnie. En el centro el Casco de Marboré (3006 m), siguiendo hacia la derecha la Brecha de Rolando (2807 m) y al final el Taillón o Punta Negra (3144 m). Entre Casco y Taillón se ven dos picos, que siguen al Taillón en la cadena, que son los Gabietos (3031 m y 3034 m)
Circo de Gavarnie. En el centro el Casco de Marboré (3006 m), siguiendo hacia la derecha la Brecha de Rolando (2807 m) y al final el Taillón o Punta Negra (3144 m). Entre Casco y Taillón se ven dos picos, que siguen al Taillón en la cadena, que son los Gabietos (3031 m y 3034 m)

Desde el collado sólo había que remontar caminando una fácil arista para llegar a la cima del Astazou Occidental (3015 m). Desde allí las vistas hacia la vertiente francesa también eran sublimes.

Cima del Astazou Occidental (3015 m) con el característico mar de nubes del lado francés
Cima del Astazou Occidental (3015 m) con el característico mar de nubes del lado francés

Descendimos por donde habíamos subido y llegamos hasta las mochilas para montar las tiendas donde dormiríamos esa noche, a las faldas del Monte Perdido. Este año las tiendas estaban en perfectas condiciones.

A los pies del glaciar del Monte Perdido
A los pies del glaciar del Monte Perdido

Cenamos bien, repasamos el plan para el día siguiente y nos metimos en los sacos.

La noche estuvo amenizada por el estruendo de los bloques de hielo que se desprendían del glaciar, en la zona que queda justo en la vertical de la tienda amarilla en la foto.

Nos despertamos con la visión nefasta de la niebla. Casi no se veía el comienzo del glaciar, y además hacía un frío del carajo. Breve reunión sobre qué hacíamos, cuando vimos un grupo de montañeros que comenzaban el ascenso por una pedrera descomunal que era el comienzo del camino. “Pues ea, si ellos suben nosotros también”, palabras sabias y llenas de prudencia guiaban nuestro camino.

Recogemos el campamento, mochilones a la chepa y para arriba. Nos esperaba un ascenso bastante potente de casi 600 metros de desnivel positivo en 1.5 km de recorrido.

El primer tramo es relativamente sencillo y ascendemos por el lomo de una escombrera pero con camino pisado, lento pero seguro. Después hubo que cruzar una corta lengua de nieve donde no hizo falta poner crampones, y entonces llegó la primera “sorpresa”. Una chimenea con una cuerda que colgaba desde arriba. No era mucha sorpresa ya que en el libro que acompañaba el mapa se describía la chimenea, pero decía que era fácil.

“¿Estáis seguros que es por ahí?” nos preguntaban David y Rafa a Juan Carlos y a mí. Hay que aclarar que David sufría de vértigo leve y no era muy amigo de trepar, y Rafa de vértigo un poco más serio. Al ver la chimenea por la que había que subir, sin más elementos de seguridad que una cuerda que cubría la segunda mitad de la trepada: “Pues es la primera vez que pasamos por aquí, pero el libro decía que había que trepar una chimenea, y aquí la tenemos. Y si hay una cuerda es que se pasa por aquí”. La respuesta inspiró una confianza del copón en los del vértigo.

Juan Carlos y yo tenemos facilidad para trepar, y desde abajo la cuestión parecía sencilla de abordar. Muchos agarres y sitio para poner los pies. Decidimos que subimos con las mochilas por lo menos hasta alcanzar el extremo más bajo de la cuerda. Juan Carlos encabeza la trepada y cuando llega me dice a mí que suba. Ha llegado sin problema alguno hasta lo alto de la chimenea, dejando su mochila al comienzo de la cuerda. Cuando llego yo, ato su macuto para que lo suba, y luego hago lo mismo con el mío. Cuando sube el mío, un bote de agua de Keepgoing que llevaba en un bolsillo exterior se engancha con un saliente y cae chimenea abajo, pasando al lado de Rafa y David que estaban esperando su turno para subir. Ver caer el bote les tranquiliza bastante.

Al final, ambos subieron con mucha calma y lo del bote quedó en un gracejo “si alguno se hubiera caído, habría bajado rebotando por toda la puta chimenea como el bote, ja, ja, ja…”

Juan Carlos subiendo por la chimenea antes de llegar al glaciar. Más fácil de lo que parece en la foto
Juan Carlos subiendo por la chimenea antes de llegar al glaciar. Más fácil de lo que parece en la foto

Tras la chimenea, caminamos un poco por roca hasta llegar al glaciar, donde paramos a reponer fuerzas, algunos del susto también, y a ponernos los crampones. Comenzamos el ascenso del glaciar siguiendo las trazas de camino en la nieve, fruto del paso de muchas otras personas por allí. Tras el glaciar, último empujón por pedrera desesperante hasta el Cuello del Cilindro (3074 m)

Remontando el glaciar. Niebla espesa y bastante frío
Remontando el glaciar. Niebla espesa y bastante frío
Escombrera final hasta el Cuello del Cilindro (3074 m) donde el terreno está más pisado y hay "camino cómodo"
Escombrera final hasta el Cuello del Cilindro (3074 m) donde el terreno está más pisado y hay “camino cómodo”

Las vistas desde el Cuello del Cilindro son brutales, tanto al Valle de Pineta como al Valle de Ordesa. Desde allí vimos el Lago Helado (3000 m) al que debíamos descender, para luego volver a subir ya las últimas pendientes a la cima del Monte Perdido.

Lago Helado (3000 m) y Valle de Ordesa desde el Cuello del Cilindro (3074 m)
Lago Helado (3000 m) y Valle de Ordesa desde el Cuello del Cilindro (3074 m)

Para llegar al Lago Helado nos quedaba un corto y fácil destrepe, que salvamos sin problemas.

Nos tomamos un respiro y dejamos los macutos para subir más ligeros, ya que nos quedaba por salvar un desnivel de 355 m por un pedregal de los buenos.

Panorámica de la subida al Monte Perdido desde el Lago Helado. Piedras y más piedras
Panorámica de la subida al Monte Perdido desde el Lago Helado. Piedras y más piedras

No se nos hizo tan pesada la subida como habíamos pensado, ya que aunque hay mucha piedra suelta el terreno está muy pisado y siempre había “camino” a seguir.

Cuando llegamos a la cima, estaba cubierta de nubes así que las vistas no las pudimos disfrutar, y la foto de cima pues eso, cuatro pavos alrededor de un pivote de hormigón a 3355 m de altitud.

Cima de Monte Perdido (3355 m)
Cima de Monte Perdido (3355 m)

La bajada fue mucho más rápida ya que aprovechamos una lengua de nieve bastante buena para bajar haciendo “culing”, y así ganamos bastante tiempo y ahorramos esfuerzos.

Tras ponernos de nuevo a la chepa los macutos en el Lago Helado y comer algo, emprendemos camino al Refugio de Góriz, donde teníamos pensado hacer noche. Pasada la ciudad de piedra, nos encontramos con un hito alucinante, que parecía desafiar a la ley de la gravedad y a los elementos. Es el que además nos hace de imagen de nuestro perfil de Twitter.

Equilibrio
Equilibrio

Llegamos a Góriz tras un interminable descenso. Allí montamos las tiendas, nos refrescamos las piernas en un torrente, nos tiramos un rato en la hierba al sol del atardecer… Luego cena y a sobar.

La meteo para el día y noche siguientes no era nada buena, con tormentas incluídas, así que bajada a la Pradera de Ordesa para allí montar en el autobús a Torla. Un taxista nos llevaría hasta el Camping de Pineta donde habíamos dejado el coche, y luego bajaríamos a dormir a Bielsa.

La bajada la hicimos por las Clavijas de Soaso, un paso fácil de descenso equipado con clavijas y cadena, que acorta bastante el camino hasta la base de la Cola de Caballo.

Clavijas de Soaso
Clavijas de Soaso

Desde ese punto, ya es todo camino fácil hasta la Pradera de Ordesa.

El posterior viaje en taxi fue impactante. Una furgoneta Volkswagen Caravelle era el vehículo en cuestión. El conductor podría participar en cualquier rally sin problema alguno. Lloviendo como si no hubiera Dios, la carretera encharcada, y el tío iba conduciendo con la mano derecha porque el codo izquierdo lo tenía apoyado en la puerta, y la cabeza apoyada en la mano izquierda. La velocidad, endiablada para aquellas condiciones. Los adelantamientos alucinantes. Los limpia parabrisas, despacio, era lo único lento allí, y lo único que no debería haberlo sido. No se veía un carajo con la cortina de agua que caía.

El momento cumbre, ya en el Valle de Pineta. Como no llovía los limpias quietecitos. El tío a todo rabo, como en una autopista, y pasamos un charco con tamaño de laguna que dejó el parabrisas lleno de agua, y por unos instantes que fueron demasiado largos no se veía ni el morro de la furgoneta. Con toda la tranquilidad del mundo el pavo puso los limpias y los volvió a quitar.

Eso sí, ni un volantazo, ni un frenazo, ni maniobras bruscas, un viaje “suave”.

Al día siguiente, y siguiendo recomendaciones del taxista nos fuimos a ver el Ibón de Plan o Basa de la Mora. Que había que subir por una pista forestal pero que no era mucho y además estaba en buen estado. Nada más lejos de la realidad, pero al final llegamos.

Y no nos defraudó el Ibón. Impresionante, digno de ver.

Ibón de Plan o Basa de la Mora
Ibón de Plan o Basa de la Mora

A la bajada nos dimos un buen homenaje y después el largo y pesaroso viaje de vuelta a Mordor.

Un buen churrasco para recuperar
Un buen churrasco para recuperar

 

Anuncios